Decenas de miles de mexicanos -con visado de inversión- han abandonado México para residir en Estados Unidos. En San Diego -Washington Post dixit- han comprado 50,000 viviendas. Todos los recién llegados a USA conforman una élite privilegiada.
El problema del narcotráfico y el problema de las armas conforman una misma estructura. Dos negocios instalados en una frontera crítica. Por lo demás, el 9 de mayo de 1916 los caballistas de Pancho Villa cruzaron la frontera y se produjo un incidente famoso: su ataque a la pequeña población estadounidense de Columbus.
La crisis, contada por cada parte a su capricho, generó una reacción inmediata. El presidente Wilson autorizó al general Pershing para que persiguiera, en territorio mexicano, a los villistas. Carranza y Wilson se encuentran con un problema gordo. No quieren que suponga la guerra.
Se crea The American-Mexican Joint Commission o Comisión Unida México-Americana. De parte de México Luis Cabrera, Ignacio Bonillas y Alberto. J. Pani. Cuestión a resolver, dice Pani, “el criminal asalto de la ciudad americana de Columbus por Villa y la invasión de nuestro territorio, en persecución del asaltante, por la llamada ‘Expedición Punitiva’ con fuerzas del Ejército de los Estados Unidos bajo las órdenes del general Pershing”.
La apertura de la Comisión se realizó en el Hotel Baltimore de Nueva York el 4 de diciembre de 1916. Después, a partir del 6 del mismo mes, las dos comisiones se trasladaron al Hotel Griwold de New London en Connecticut. Sin ironía, el ingeniero Pani dice “que fuimos trasladados en el yate presidencial ‘Mayflowers’ con todos los honores”. Después conocería, la Delegación mexicana, otros detalles.
El tema principal, para los comisionados mexicanos, era la evacuación de las tropas estadounidenses. Hubo controversias violentas. Pershing perseguía a un fantasma y los dos estadounidenses importantes en la Conferencia, Franklin K. Lane, secretario del Interior del presidente Wilson y el doctor John R. Mott, sociólogo, eran la contraparte. Los demás eran los artesanos de la Comisión Conjunta. Hubo 52 sesiones y se clausuró la negociación el 15 de enero de 1917. Luis Cabrera, presidente de la Delegación mexicana, insistía en que el punto de partida (y pasaban las semanas) era la evacuación de las tropas del general Pershing.
La otra parte insistía en el riesgo del villismo enfrentado con Carranza y, por tanto, en la posibilidad de otro ataque. En resumen, el dilema se mantuvo hasta que, en 1917, Estados Unidos, entró en la I Guerra Mundial y el general Pershing fue reclamado para embarcase para los campos de batalla de Europa.
El New York Times, al margen del tiempo perdido por la Comisión Conjunta explicaba el fin de la crisis -no resuelta- diciendo lo que sigue: “A pesar de la valentía de nuestros ‘boys’ y de la habilidad de su jefe, de su armamento ultra-moderno, nuestro cuerpo expedicionario, si bien ha hecho dura la vida a las bandas de Villa no ha podido apresar al famoso bandido que sigue inencontrable. Problablemente se oculte en algún rincón inaccesible de la Sierra o en la Barranca del Cobre. Si el gobierno de México y los jefes de su Ejército han manifestado su buena voluntad, la cooperación de los militares mexicanos, sobre el terreno, ha sido desigual. La intervención del general Pershing ha sido entendida, por una parte de la población, e inclusive por sus élites como un atentado a la soberanía nacional”. ¿Qué otra cosa podían pensar los mexicanos?
El New York Times proseguía: “Los métodos empleados (no dice cuáles) para obtener informaciones sobre el lugar en que se ocultaba Villa y su banda, métodos, ciertamente inevitables frente a un enemigo que no combate con el rostro descubierto, han contribuido a suscitar un sentimiento de hostilidad respecto a nuestros ‘boys’ y a tejer una red de complicidad en torno a Villa”.
“Sea lo que sea, señalaba el New York Times, este episodio de las relaciones entre Estados Unidos y México se ha terminado hoy. A la hora de los combates en Europa las tropas estadounidenses se disponen a intervenir en Francia y ya no era posible -pobre suerte de la Comisión Conjunta y sus 52 reuniones me permito intervenir- conservar efectivos militares en territorio mexicano”.
El New York Times no podia adivinar, que el fantasma imposible para Pershing, sería asesinado al igual que Emiliano Zapata, en México. Otros “métodos”.
Antes, muy serio, el doctor Mott había propuesto en la Comisión (¿sirven para algo las comisiones y nuestras famosas “juntas”?) un artículo que se denominó Artículo 4°. Decía: “prevenir las causas que pueden conducir a mala inteligencia (misunderstanding), fricción y conflicto entre los pueblos americano y mexicano”.
Si viviera, hoy, el doctor Mott, asistiría, asombrado, al éxodo de los mexicanos ricos por decenas de miles y con visado de inversión, según el Washington Post, hacia Estados Unidos. Han comprado ya 50,000 viviendas en San Diego que ya conocía el éxodo, durante la Revolución, de las mismas familias. Los indocumentados viven otra historia: la suya, irremediable. Ahora, mientras llegan los poderosos, ellos son perseguidos.
El arquitecto Pani, que pensaba sería embajador ante Washington no obtuvo esa tarea. No le dejaron abandonado. “En cambio me ofrecieron organizar y dirigir la futura Secretaría de Industria y Comercio. Regresé de Nueva York en marzo de 1917”. Todos contentos. La frontera sigue siendo crítica: drogas para allá; armas para acá; ricos para allá, expulsados para México. Un equilibrio que Pershing no preveía.