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Somos un nuevo concepto cultural, llevamos 15 años en el mercado, logrando que la cultura y la lectura sean vistas de manera entretenida, con más lectores en México. La intención de la revista es hacer de cada encuentro con el lector, una reunión de opiniones, notas y datos gratos y placenteros; hacer pasar momentos alegres, divertidos y llenos de, sí, ¡Algarabía!

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De dónde viene: Misa

misa. «Esta familia es católica, apostólica y romana»; así rezaba mi padre a cualquier traedor de La Palabra —llamárase mormón, testigo o atalayo—, y les abría las puertas de par en par para discutir con ellos acerca de las Sagradas Escrituras. Cabe mencionar que mi padre acababa de jubilarse —era médico de profesión y filólogo de corazón— y necesitaba distraerse un poco. Así, durante mi niñez, vi desfilar a un sinfín de presbiterianos, cristianos, testigos de Jehová, y alguna que otra avón- llama-a-su-puerta, entrar y salir de casa tras discutir alguno que otro punto de la biblia. Y que ni se metieran con las interpretaciones porque sacaba enciclopedias, diccionarios de griego, latín, hebreo, y les daba unas tundas fenomenales.

Pero el único día que no hacía labor de convencimiento a la puerta de su propia casa era el domingo: ese día lo dedicaba a la familia y a ir a misa. Y como ya estaba encarrilado en eso de tener la verdad absoluta acerca de etimologías grecolatinas y esas cosas, un día se agarró al párroco con eso de la misa.

Cuando terminó el oficio —si usted ha ido a misa, recordará que al final de la ceremonia, el padre dice: «Podemos ir en paz, la misa ha terminado»—. Pues, a la salida, mi padre se encaminó hacia donde estaba el sacerdote y sin agua va que le suelta: «¿Sabe usted por qué la misa se llama misa?», y sin esperar respuesta, dijo:

«En el siglo iv, para despedir a los fieles, comenzó a decirse ite missa est, que literalmente significa algo así como “Váyanse, ésta es la despedida”. La palabra misa proviene del latín missa, que es el participio del verbo míttere que, además de ‘enviar’ y ‘despido’, también significa ‘dejar marchar, disolver o despedir a un grupo’; así que, propiamente, ite missa est significa “Marchad, [la asamblea] ha sido disuelta”.

»Entonces, llamar misa a la ceremonia es, al parecer, un error, pues, en origen, dicha palabra es otra cosa. Supongo, pues, que como el latín se fue perdiendo y fue ganando el español, algunos sacerdotes, al terminar la ceremonia comenzaron a decirla en español —“Vayamos en paz”—, y otros lo combinaron —“Vayamos en paz, missa est”—, y así hasta el ahora conocido “Vayamos en paz, la misa ha terminado”».

El párroco nada más asentía con la cabeza a cada palabra que decía mi padre, y éste esperaba a que el otro le hiciera algún comentario para ponerse a discutir. Pero el clérigo, acostumbrado a evadir a sus feligreses, sólo comentó: «Creo haber sido muy claro cuando dije “Podemos ir en paz”… ¿Por qué no me deja ir en paz, hermano?». Y sin más, mi mamá tomó de la mano a mi papá y lo arrastró con ella mientras decía en un suspiro: «Demos gracias al Señor».

De dónde viene ‘Infante’

Si es de infantes de lo que hablamos, encontramos que hay muchos. Podemos comenzar con nuestro Pedro Infante, icono del cine mexicano y que, según dicen sus fanáticas, «cada día está más guapo»; pero también está el jardín de infantes, que en Argentina, Bolivia y Nicaragua, entre otros, es lo que para nosotros es el jardín de niños; además, tenemos la corona de infante, descrita por la Real Academia de la Lengua Española —RAE— como semejante a la imperial, pero sin diademas; y, hablando de realeza, es imposible dejar de mencionar a las infantas Elena y Cristina, hijas de los reyes Juan Carlos y Sofía; y, si seguimos nuestro recorrido por España, no podemos olvidar la ciudad de Villanueva de los Infantes, la cual, según un grupo de investigadores de la Universidad Complutense, es el «lugar de la Mancha de cuyo nombre» Cervantes no quiso acordarse; aunque, si nos afanamos en la búsqueda, podemos recordar a los Infantes de Carreón, que ultrajaron a las hijas del Cid. Pero, ¿qué es un infante?

Infante puede ser «cualquier niño que aún no ha llegado a la edad de siete años» —definición y clasificación exacta del DRAE. También se le denomina así al pariente del rey —español o portugués— que, por gracia real, obtiene este título. Por el mismo camino, un infante puede ser cualquiera de los hijos legítimos del rey que nació después del príncipe o de la princesa; pero si alguien nos habla de un infante que haya vivido antes de la época del rey Juan I de Castilla,  entonces se referirá al primogénito del rey, es decir, al heredero al trono. Por último, si de lo que hablamos es de un infante en la milicia, nos estaremos refiriendo a la tropa que éste mandaba —es decir, la infantería—; si bien después se generalizó el nombre, llamándosele así a todo soldado de a pie, por contraposición con el soldado de a caballo.

La palabra infante viene del latín infantem, acusativo de infans, que está compuesto por la partícula in-, que significa «no» o «sin», y por fans, participio activo de fari, cuyo significado es «hablar». De esta manera, si infans se utiliza como sustantivo, se refiere a «niño pequeño» y, utilizado como adjetivo, a «pequeño que no habla todavía porque no sabe o porque no puede».

Aunque quizá la raíz de esta definición sea aún más profunda, ya que manifestarnos de manera oral no garantiza en ningún modo ni que nuestra comunicación será coherente ni que nuestra voz será escuchada. Y es en este contexto en el que es probable que a un niño de seis años, que definitivamente ya habla, se le diga infante, y lo mismo puede suceder cuando nos referimos a los títulos nobiliarios, ya que su posición en la línea real es bastante incómoda, al ser hijos de los monarcas, pero no los herederos al trono, lo que mantiene sus voces bajo una escucha sorda.

No obstante, siempre habrá historias que los dignifiquen, como el romance de Los siete infantes de Lara, el cual, junto con El cantar de Mío Cid y el Poema de Fernán González, es de los cantares de gesta españoles más importantes.

De modo que es el silencio el que por raíz se halla en la palabra infante, pero lo cierto es que no todos los infantes callan.

 

«Ya te velé, ya te enterré y te puse flores…»

Desde hace siglos, en México se tiene la costumbre de despedir a los difuntos en medio de rituales que incluyen oraciones y cánticos muy particulares. Se habla siempre de velorios, funerales, exequias, sepelios y entierros, aunque no siempre con plena conciencia de lo que implica cada uno de estos conceptos.

Aunque en otros países hispanohablantes se prefiere el término velatorio, aquí es más común «ir a un velorio»: por la simple acción de velar un cadáver. En la jerga mexicana, también se habla de «cafetear a alguien» —porque en los velorios se toma café en grandes cantidades—. Los velorios se llevan a cabo en funerarias, casas y, cuando se trata de celebridades o personas de cierta relevancia pública, en teatros, escuelas, museos, recintos gubernamentales, etcétera. Sobre el velorio de Frida Kahlo, Carlos Monsiváis escribió:

El velorio fue en el Palacio de Bellas Artes. Los dolientes tomaban tequila y cantaban rancheras. Estaba bellísima. Con ella estaban sus amigas Chavela Vargas y Concha Michel.

Por otro lado, funeral —del latín funeralis, que a su vez proviene de funus— es, según el Diccionario de uso del español de María Moliner, el oficio religioso solemne que se hace por los difuntos. También refiere a las exequias —honras fúnebres— o los «entierros hechos con pompa». En resumen, además del sentido religioso que se le pueda otorgar, es el conjunto de ceremonias y rituales que se ofrecen por el difunto, desde el velorio hasta su incineración —cremación del cuerpo— o entierro; esta última voz refiere a la acción de colocar un cadáver bajo tierra o darle sepultura. Sin embargo, en algunos lugares también se le llama así a la comitiva que lo acompaña —cortejo fúnebre— y al sitio físico en donde se entierra a los cadáveres. De esta manera, uno puede «ir al entierro» o «formar parte del entierro» de alguien y, en algunos casos, hasta tener que identificar «al cadáver de algún número de entierro».

Es común que este término se confunda con sepelio —del latín sepelire, ‘enterrar’—, sustantivo que refiere a la ceremonia realizada al sepultar a una persona, sin importar si pertenece a alguna religión en específico o no. Así, toda ceremonia que se haga durante el entierro es un sepelio.

Vea entonces, querido lector, que aunque todos vamos para allá sin remedio, hasta en los vocablos de la muerte «hay diferencias».

La moto Vespa

La empresa italiana Piaggio & Co. SpA, fundada en 1882, se encargaba de fabricar tranvías, camiones de carga, autobuses, motores, y al inicio de la I Guerra Mundial, aviones e hidroaviones. Tras la II Guerra Mundial, el heredero Enrico Piaggio decidió introducir al mercado un transporte para dos personas que fuera barato y fácil de manejar.
En 1946 se creó el primer prototipo, mp5, conocido, fue rediseñado por Corradino D’Ascanio, quien colocó el motor sobre la rueda trasera, y la rueda delantera en una extensión que emula el tren de aterrizaje de un avión, y así surgió el mp6. Por su forma, se la asoció con una avispa y de ahí su apodo: Vespa.
La patente del diseño se obtuvo el 23 de abril de 1946, e incluye el guardafangos, la parte delantera que cubre el segmento inferior del cuerpo del piloto, la palanca de cambios en el manillar, y una cubierta del motor que evita que quien la conduzca se ensucie con la cadena de transmisión.
La Vespa se hizo popular a partir de la película Vacanze romane —La princesa que quería vivir— (1953), en la que Audrey Hepburn y Gregory Peck recorren las calles de Roma en una Vespa. Desde entonces, la Vespa se convirtió en un símbolo del estilo de vida italiano, de la libertad y el cambio social.
Hasta el día de hoy, Piaggio & Co. SpA ha fabricado más de 140 modelos, entre ellos GTS, GTV, LX, LXV, Sport y Supersport. El más vendido y exitoso es el Vintage Original (1977).
Precios en línea 2012: Vespa lx504v 2012, 3,399 dólares; Vespa GTS 300; Super Sport SE, 6,399 dólares.

El vino y los mexicanos

Se puede afirmar hoy que somos privilegiados. en ninguna otra época de la humanidad se ha producido tanto vino ni en tal diversidad.

Siendo así, y ubicándonos en México, cabría hacer la pregunta ¿Por qué México no tiene una tradición vinícola y por qué se toma tan poco vino?

Podríamos aventurar explicaciones:

  • Porque aunque los españoles trajeron la vid hace 500 años, no dejaron que esta industria se desarrollara para que no compitiera con la metrópoli.
  • Porque siendo México un país subtropical, a los mexicanos se nos antojan bebidas más refrescantes como la cerveza —que disputa al vino en antigüedad—, o como el refresco, del que somos el primer lugar en consumo per capita en el mundo. Y consecuencia de ello en bebidas alcohólicas preferimos la «cuba de uva».
  • O también porque hay una moda global por la salud y el cuidado del cuerpo, lo que de un tiempo para acá ha propiciado el incremento en el consumo de agua embotellada.

Ignoro cuánto se gasta el mexicano al año en el consumo de bebidas alcohólicas, pero no creo que el problema sea económico sino de preferencias y de costumbres. Nos hace falta más educación vinícola, que dinero. Está demostrado que a mayor nivel educativo, aumentan los índices en el consumo de vino.

A diferencia de los países europeos con gran tradición vinícola, donde el vino es una bebida cotidiana como en Francia; primer lugar en el mundo —62.5 litros per capita al año— o Italia —58.5 litros per capita al año, en México sólo se toma vino en ocasiones especiales. Y nuestro consumo per capita no aparece en los reportes internacionales, esto es: Japón, que aparece en el lugar 24, consume 1.1 litros per capita al año, así podríamos deducir que nosotros ni siquiera llegamos a ese índice por lo que podemos afirmar que en México «apenas si olemos el vino».

¿CÓMO SE APRENDE DE VINOS?

Beber más no significa necesariamente beber mejores vinos, ni ser un experto en vinos.

Saber de vinos no es necesariamente adquirir los vinos más caros y famosos del mundo —aunque si se tiene la fortuna de degustar uno de estos vinos, vale la pena probarlos para comprobar que sí valen lo que cuestan.

Si se le pidiera su opinión sobre un vino, ¿Cómo lo describiría? ¿Qué aprecia de él? ¿Qué busca en él? ¿Cómo o por qué lo eligió? ¿Cómo y por qué decide maridarlo con cierto platillo? ¿Cómo lo guarda? ¿A qué temperatura lo sirve, para que despliegue todos sus atributos? ¿Y en qué copas?

Para responder a esta serie de cuestionamientos primero tendrá que informarse y leer un poco más sobre la cultura del vino, sobre los diferentes vinos que hay en el mundo y, sobre todo, degustar muchos vinos, y no atropelladamente —pues no es refresco—, sino aguzando sus sentidos. Así, gradualmente, educará a su paladar, podrá hacer mejores elecciones, aceptará pagar más caro un vino, porque se dará cuenta de que es realmente superior.

Quizás hay que beber menos, pero hay que elegir mejor. Cada vino, cada estilo, cada tipo de uva es la expresión y reflejo de las cuestiones eternas que se ha planteado el hombre.

El vino es una bebida de alta cultura y es reflejo de la gran diversidad de culturas del mundo; en sus maneras y métodos de elaboración, en sus variedades de uva, en su historia, sus marcas y su gente, sus regiones, climas y suelos, ¡Y por eso es universal!

¿Qué onda con… …las moscas?

Seguramente se habrá preguntado alguna vez a qué se debe que, justo cuando más calor hace y se vuelve indispensable abrir todas las ventanas, las molestas moscas invaden nuestra casa, nos persiguen en la oficina, no paran de zumbar en torno a nuestra comida y hasta tienen la desvergüenza de irrumpir en nuestro coche haciéndonos soltar el volante de cuando en cuando y dar torpes manotazos en la búsqueda —casi siempre inútil— de matarlas o, cuando menos, asustarlas.

La respuesta es simple, porque es en las estaciones más calurosas cuando la mayor parte de las moscas nace, por lo que durante la primavera y el verano debemos padecerlas numerosas, joviales y enérgicas, rondando nuestras vidas.

La vida de una mosca común pasa por cuatro fases, sin importar si vive 24 horas o un mes: huevo, larva o cresa, ninfa o pupa y adulto, etapa en la que se aparea —¡le da tiempo suficiente aunque sólo viva 24 horas!— y llega a poner alrededor de mil huevecillos.

En las épocas más frías del año, justamente cuando no hay necesidad de abrir nuestras ventanas, las moscas escasean, debido a que las bajas temperaturas las hacen perecer y es improbable que muchas de ellas nazcan en esas condiciones. Aunque algunas encontrarán cálidos escondites rinconeros para sobrellevar los días fríos, lo cual explica que durante esas épocas las encontremos aletargadas detrás del refrigerador o cerca de las tuberías y calentadores.

Las moscas que logran sobrevivir a las bajas temperaturas no necesitan alimentarse, permanecen adormecidas —igual que los osos que hibernan en cavernas, aunque durante mucho, mucho, menos tiempo— hasta el momento en que sube un poco la temperatura; entonces despiertan, hambrientas vuelan en busca de alimento y regresan a su escondite en cuanto vuelven a sentir frío.

Algunas moscas también fallecen a causa de un hongo que penetra en su cuerpo; por eso a veces las encontramos hinchadas, muertas encima de la mesa o en los cristales de las ventanas, que más vale tener cerradas, por si las moscas.

Indulgencia

Ésta es una de esas palabras muy socorridas para aderezar el lenguaje cuando pretendemos demostrar nuestra gran cultura. Por ejemplo, decimos que Zutanita es muy indulgente con sus hijos, con lo que sobreentendemos que no es severa para corregirlos; es más, barquea y los deja hacer lo que quieran. Esto coincide con lo que dice María Moliner en su Diccionario de uso del español: «Indulgente. Benévolo. Se aplica a la persona que juzga o castiga las faltas de otros sin severidad o que es poco exigente en cuanto a obligarlas a hacer lo que les corresponde o deben hacer».

 

En inglés indulgence es otra cosa. El Webster‘s Dictionary lo define como la gratificación del deseo, el estado de ser indulgente, permisivo y tolerante, y se aplica también a algo que complace: Fulanita’s favorite indulgence is candy. Es decir, que si ella come muchos chocolates es por indulgence, pero no habrá indulgencia para su penitencia, pues de que se tendrá que poner a dieta, no hay duda. Pero en español decir que Fulanita come chocolates por indulgencia no es apropiado.

 

Joan Corominas, en su Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico define indulgencia —del latín indulgens -entis— como «andulencia, miramiento, complacencia, utilizado mayormente con carácter religioso; indulto, concesión, favor, perdón». Y aquí entramos en la acepción religiosa, que es más complicada, pues entender exactamente qué es una indulgencia nos obliga prácticamente al dominio del derecho canónico, la teología y la historia del catolicismo. Pero como esta palabrota no amerita un articulote, sino una explicación sencilla, hela aquí.

 

Durante los primeros años de la existencia del catolicismo era común faltar a la fe por motivos diversos; de hecho, la apostasía1 era un pecado muy grave que implicaba una penitencia —castigo— muy severa, lo que afectaba tanto al cristiano en cuestión, que, lejos de «rehabilitarse», terminaba por alejarse de la Iglesia. Por ese motivo, las autoridades eclesiásticas crearon la indulgencia, una especie

de indulto o postergación de la penitencia, mas no el perdón del pecado. Incluso, el indulto no era absoluto: se le solicitaba al pecador que realizara alguna obra de caridad o peregrinación a cambio de él, o bien, si se postergaba la penitencia, tenía que resignarse a pagarlas todas juntas en el purgatorio. Tal concesión dio origen a la compra de indulgencias y, luego, a su tráfico, ya que prácticamente eran consideradas como permisos para pecar; ricos y nobles las compraban para hacer su santa voluntad a cambio de limosnas tan discretas que posibilitaron la construcción de grandes catedrales. Esta situación llegó tan lejos que, en el siglo XVI, Martín Lutero decidió enfrentarse a la Iglesia Católica en total desacuerdo, lo que más tarde derivaría en la Reforma protestante.

 

Atreviéndonos a hacer una analogía, una indulgencia equivaldría más o menos a obtener libertad condicional a cambio de servicio social y buen comportamiento.

La Ch y la Ll las letras no letras

En 1803 la real academia de la lengua española publicó la cuarta edición de su diccionario, con algunas novedades que explicaba en su prólogo: «como la ch —che— y la ll —elle— son letras distintas a las demás de nuestro alfabeto, aunque dobles en su composición y figura, ha creído la academia más sencillo y oportuno darles el lugar y orden que les corresponde con separación. Por esta causa todas las palabras que empiezan con las combinaciones de cha, che, chi, cho, chu, se han entresacado de en medio de la letra c, donde se colocaron en ediciones anteriores, y se han puesto después de concluida ésta: y lo mismo se ha ejecutado respectivamente con las voces pertenecientes a iguales combinaciones de la ll.

«El mismo orden se ha observado en las combinaciones de las demás letras en que entran las referidas ch y ll; de suerte que la primera se halla siempre a continuación de la combinación cu, y la segunda de la combinación lu. Así encha se deberá buscar después de encurrir, y enllenar después de enlutar».

La Academia definió desde entonces a la ch como la «cuarta letra de nuestro alfabeto y la tercera de las consonantes. Aunque doble en su formación, pues se compone de la c y la h, es sencillo su sonido, y éste igual y constante, hiriendo a todas las vocales, sin poderse confundir con el de ninguna de las demás letras», y la ll como «décima cuarta letra de nuestro alfabeto y décima de las consonantes. Aunque doble en su forma, pues se compone de dos eles juntas, es sencilla e indivisible al pronunciarse y al escribirse».

Este criterio fónico de ordenación separó a nuestro alfabeto del latino, cuya ordenación es gráfica, creando, a la larga, problemas entonces insospechados, como que un señor Chávez desaparezca de una lista de reservación hotelera porque una computadora desconoce a la ch como letra. Por otra parte, la ch y la ll nunca se utilizan como sustitutos numéricos en clasificaciones, índices o fórmulas matemáticas. Si un artículo de un código, por ejemplo, se divide en apartados, estos son a, b, c, d, y jamás a, b, c, ch. Convertimos nuestro alfabeto en «abecechedario» y así nos hemos pasado ciento noventa años, con un alfabeto híbrido ordenado por grafías y fonemas provocando mayores complicaciones y trabas cada día, según se han ido acrecentando las relaciones internacionales, y la intercomunicación lingüística y cultural.

La ch y la ll son en realidad dígrafos, que es como los lingüistas llaman a las combinaciones de dos letras que representan un solo fonema, y ésa es la causa de que, durante los pasados dos congresos de la Real Academia Española, se entablara tal controversia entre quienes están a favor de volver al pasado y regresar a la ch y a la ll como combinaciones de letras simplemente y reincorporarnos al uso del alfabeto latino internacional; contra los que se autoproclaman defensores de su independencia, paradójicamente las denominan «la ce hache y la doble ele».

¿Por qué nos da fiebre?

LA FIEBRE —UNA ELEVADA TEMPERATURA CORPORAL— NORMALMENTE SE RELACIONA CON LA ESTIMULACIÓN DEL SISTEMA INMUNOLÓGICO DEL CUERPO —LA TEMPERATURA NORMAL DE UN CUERPO FLUCTÚA ENTRE UN GRADO MÁS Y UNO MENOS DE 37° CELSIUS.

 

La fiebre puede ayudar al sistema inmunológico a ganarle a ciertos agentes infecciosos, haciendo del cuerpo un lugar menos hospitalario para los virus y bacterias, que son sensibles al calor. Sin embargo, las infecciones no son su única causa. El abuso de anfetaminas, el síndrome de abstinencia del alcohol y el estrés ambiental también pueden ser causa del aumento de temperatura.

 

El hipotálamo, que está en la base del cerebro, actúa como el termostato del cuerpo. Se activa por substancias bioquímicas que flotan, llamadas pirógenos, y que fluyen por el torrente sanguíneo desde sitios donde el sistema inmunológico ha detectado problemas. Los tejidos corporales producen pirógenos, al igual que algunos patógenos. Cuando el hipotálamo detecta estos químicos, le ordena al cuerpo que genere calor acelerando el metabolismo y que lo retenga reduciendo el flujo sanguíneo periférico —el producto de todo esto es la fiebre. En los niños la temperatura aumenta con más facilidad; lo que refleja el efecto que tienen los pirógenos en sistemas inmunológicos novatos.

 

«ALIMENTA EL RESFRIADO Y MATA DE HAMBRE LA FIEBRE» ¿Debería una persona con fiebre comer poco o nada, como sugiere el dicho? Sí.

 

Durante una fiebre, todas las funciones del organismo ocurren en medio de estrés fisiológico. Propiciar la digestión durante este periodo sobre estimula el sistema nervioso parasimpático, cuando el sistema nervioso simpático ya está activo. Como resultado, es posible que, durante la fiebre, el cuerpo pueda malinterpretar algunas substancias absorbidas por el sistema digestivo como alérgenos. Además, la fiebre muy alta puede, en raras ocasiones, desatar un ataque, colapso o delirio, que se pueden complicar por una comida reciente.

 

Algunas veces, la fiebre puede alzarse muy por arriba de lo que es bueno para el cuerpo. Temperaturas superiores a los 40.5° Celsius pueden amenazar la integridad y función de proteínas vitales. Estrés celular, infartos, necrosis de los tejidos, ataques y delirio son sólo algunas de las potenciales consecuencias. En el caso de que la fiebre rebase a las propias herramientas reguladoras de temperatura del cuerpo, pueden ayudar las «compresas de hielo» u otros métodos.

¿CÓMO…..se dio el Big Bang?

De la “nada” surgió el Universo», es una de las premisas de las cuales parten algunos científicos para explicar el nacimiento de todo lo que ahora conocemos. ¡Y vaya que es difícil entender este concepto! Por ejemplo, Andrei Linde pensaba que el principal problema de la cosmología moderna —y de los mortales comunes y corrientes, digo yo— es plantearse que si el espacio-tiempo no existía, entonces, ¿cómo es que pudo surgir algo de esta nada?

 

Puesto que ninguna respuesta de ese orden puede contestarse con certeza, la cosmología aventura teorías que se basan en modelos físicos y que intentan responder esas interrogantes. Una de ellas, quizá la más famosa, es la Teoría del Big Bang.

 

Ésta plantea que toda la materia y energía que hoy se encuentran esparcidas en el Universo estaban concentradas en un espacio menor al tamaño de una nuez, en condiciones internas tan extremas —temperatura, presión y densidad muy altas— que provocaron una enorme explosión en sí misma; es decir, una especie de implosión de la cual surgiría el espacio. A partir de ese momento, cada partícula de materia se alejó de las otras rápidamente; como consecuencia de los cambios de temperatura y presión, las partículas subatómicas se fusionaron y de ahí surgieron algunos elementos químicos —presumiblemente helio e hidrógeno.

 

Tras la llegada de esa nueva teoría, la idea de un espacio infinito se descartó, pues los científicos observaron la posibilidad de que las galaxias se alejen unas de otras paulatinamente, lo que nos lleva a pensar que en algún momento estuvieron concentradas en un solo sitio.

Ahora bien, se puede comparar la aparición y expansión del espacio a partir de la «nada» con un experimento que de niños muchos hemos realizado: imagine un globo lleno de agua sin una sola burbuja de aire —que representa «la nada»—, el cual cerramos después de ponerle un Alka-Seltzer. En su interior ocurre una combinación de reacciones físicas y químicas —una explosión en sí misma—, se llena de aire —en este caso de espacio— y se expande hasta el límite de sus capacidades. Luego se rompe.

 

Entre otras particularidades, los científicos se han preguntado si el Universo es un sistema abierto o cerrado. Si fuera de este último modo, dejaría de expandirse, después se contraería hasta colapsar y luego regresaría al mismo punto en el que comenzó —en similares condiciones extremas—. Con esta misma lógica, se cree que antes del Big Bang hubo grandes ciclos de galaxias colapsadas que dieron origen a múltiples explosiones, entre ellas, al mismo Big Bang, por lo que los científicos llaman a este proceso cíclico Big Bounce, o «gran rebote de galaxias».

 

En conclusión, la teoría del Big Bang no es descartable, pero seguramente no fue el primer suceso del Universo.