En 1952, Rodolfo Usigli publicó una obra de teatro muy controvertida: el personaje principal era una jovencita, hija de familia y prototipo de inocencia de la época, que salía de su casa por las noches y se dirigía hacia un prostíbulo para convertirse en una cotizada dama de la casa. Hablamos de Jano es una muchacha, obra que hace referencia al dios romano de las dos caras opuestas; aquel que representa los imposibles unidos, el principio y el fin, el pasado y el presente.

La posibilidad de que el bien y el mal convivan en un solo ser es común en mayor o menor medida en todas las personas e, incluso, en las cosas, por lo que tiene cabida también en la medicina: probablemente, la actividad humana con los fines más nobles y los medios de prueba más oscuros.

Uno de sus métodos, la herbolaria, es por sus propias cualidades un saber auténticamente dual, pues sus resultados letales o curativos dependen de la dosis o las intenciones con las que se administre. La medicina ha encontrado en el reino vegetal, desde hace mucho tiempo, el origen de nuevos productos. En el siglo xix, por ejemplo, se vendían curiosos tónicos hechos a base de plantas que ahora sabemos son tóxicas y adictivas, como la planta del opio o adormidera —llamada así por sus propiedades somníferas—, que se preparaba con alcohol para formar el láudano, recetado como curalotodo; o el extracto de la hoja de coca mezclada con vino, vegetal que por cierto se usaba antes de la creación del imperio inca.

En su libro El jardín de la tentación (2006), el botánico David C. Stuart define a las plantas Jano como «aquellas que por una parte se orientan hacia la curación, y por otra hacia la muerte». Éstas se usan en ritos religiosos, mágicos o de experimentación sensorial. La lista de plantas que, según la dosis, pueden aliviar un malestar o dañar al organismo, es sumamente amplia; destacan, sin embargo, las siguientes: el ajenjo —Artemisa absinthium—, la belladona —Atropa belladona—, el beleño —Hyocyamus niger—, el Jaborandi —Pilocarpus microphyllus—, la dedalera —Digitalis purpurea—, y el cáñamo o mariguana —Cannabis sativa.

En México son comunes el toloache —Datura stramonium— y la veintiunilla —Asclepias curassavica L.—, ligada a una leyenda queretana sobre la muerte de Juárez; entre otras muchas plantas tradicionales de uso sagrado.

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