He vivido en muchos lugares fríos, como Canadá, Alaska, Suiza, Alemania y en todos ellos he sentido siempre algo especial, pero jamás lo que siento cuando vivo en Islandia.

Como la isla entera es producto de muchos volcanes a base de lava durante una inmensidad de años, el musgo y con más razón el césped, son una maravilla de la naturaleza. A menudo se levanta ese ligero viento nórdico disfrazado de brisa en ocasiones que corre a ras del suelo formando figuras juguetonas en el césped que se mueven en zig-zag, y es entonces cuando me pregunto cómo puedo convertir la belleza en palabras para expresar lo que siento, pero termino bañado por una tristeza inmensa que me invade sin saber de dónde viene.

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Si busca Usted en Internet el país más seguro del mundo le dirá que es Islandia, y es verdad. Si le ponemos en la balanza de la vida humana, nos daremos cuenta que en mucho tiene más cosas buenas que cualquier otro y esa balanza no miente jamás.

No es lo rural que muchos piensan, lo que sucede es que estamos acostumbrados a ver miles de personas yendo y viniendo por todos lados y la falta de esa multitud en Islandia crea en ciertas personas una sensación de soledad y depresión en cuanto desaparecen de su vista. Islandia es un país tecnológicamente a la altura de cualquier otro, allí existe alta tecnología en ingeniería biomédica dedicada a la fabricación de prótesis elaboradas de fibra de carbono especialmente para atletas, las cuales no pueden hacerse con la misma precisión en otros países porque sus habitantes no se prestan a ello. Ahí está la matriz.

Y no digamos nada sobre la energía geotérmica, en la cual son líderes mundiales.

En Islandia existe en el aire, en el ambiente, en sus paisajes y en su forma de vida, esa inspiración que requiere la persona creadora. Es más fácil crear estando allí y por eso tienen topes altísimos superiores a muchos otros lugares en diferentes ramas. Es curioso cómo han bajado los cocientes de inteligencia en ciertos lugares del planeta (IQ), mientras que en Islandia se han mantenido y hasta en determinados aspectos se han superado en varios puntos.

Es el lugar adecuado para existir pegado a la naturaleza tan cerca, que ciertos científicos lo buscan y aconsejan. Solamente observar la rabiosa fuerza de la atronadora catarata Dettifoss, engrandece el espíritu. También ver en las calles bancas por todos sitios y gente sentada en ellas leyendo.

La mayoría de personas, al oír la palabra Islandia, lo primero que traen a su mente son seis meses de día y seis meses de noche, y eso les abruma, es lógico porque debe uno/a estar en cierto modo acostumbrado a un cambio tan drástico. En los seis meses de oscuridad ésta no es total, también los cambios del tiempo desorientan un poco a cualquiera que no esté acostumbrado, pero todo esto debe entrar en algún brazo de la balanza en el momento de sopesar el todo.

Esas personas que piensan siempre en el Caribe, el sol, la hamaca y la temporada de huracanes, debe olvidarse de Islandia. Islandia es para otra clase de personas, principalmente para quien desea o busca la existencia con una seguridad casi absoluta en una especie de otro mundo, pues las pocas excepciones que existen son causadas por los turistas, y es triste decirlo. La criminalidad es cero.

La vida es algo más cara que en otros países, pero los emolumentos también son más altos. El arte se transpira por todos lados, la gente es muy agradable y abierta, ayudan sin que se les pida abiertamente, hacen sentir seguridad con solo mirarles, son gente integrada, cosa que falta en todos los demás países que conozco y son muchos, aunque la afluencia de inmigrantes están cambiando en cierto modo el sistema de vida y eso es malo, pues ellos acarrean mucho de lo dañino que tienen en sus respectivos países.

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Recuerdo las palabras de Sócrates transferidas a nosotros por medio de Platón. Afirmó que cada quien debería vivir siempre en el país en que nació, y que así sería como todos estaríamos bien y en paz, pero eran otros tiempos y muchas cosas estaban hechas y dichas a medias. El se olvidó de añadir que esto era solamente para quien no se integrase al sitio donde fuese a residir, de esos seres que intentan llevar sus costumbres y leyes a la fuerza donde ya están completamente civilizados y no necesitan que alguien vaya e intente meter la discordia, como actualmente sucede con la mayoría de inmigrantes en el mundo, quienes primero crean un grupo, luego le dan fuerza y al final terminan exigiendo derechos sin tener en cuenta que les dieron cobijo: ¿por qué no se quedan en su país natal?

Los islandeses respetan los lugares verdes en extremo. No necesitan policía para cumplir lo estipulado. Su turismo ha subido, pero en ocasiones es una muestra engañosa de progreso superlativo, si se trata, como suele suceder, del turista que lleva su mochila todo el tiempo a la espalda, pues en ella acarrea hasta lo que ha preparado para comer durante el día, ya que tiene una planeación de gastos que sólo puede abastecer a unos cuantos jilgueros. El turismo que sube o desarrolla un país es el que jamás se fija en lo que cuesta esto o aquello.

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Los islandeses son amables mediante detalles que no se aprecian en personas de la mayoría de países. Debo reconocer que la cantidad de habitantes en Islandia, unos 320,000 en total, con unos dos tercios en la capital nada más, representan un factor significativo en la ecuación. Tal vez convendría realizar otro análisis si fuesen diez o quince millones en la simple capital, como tienen en otros países.

Sea como sea, están muy bien organizados en lo que más se requiere, son ordenados, respetuosos, civilizados en alto grado, tienen carácter y son atentos como para querer regresar a menudo, pero sin mochila y sin contar las habichuelas todo el tiempo, sino disfrutando plenamente de tanto bueno como tiene el país y que si algún día llegase a faltarnos, créame que nos sentiríamos muy, pero muy mal. Tiene un algo en el aire. En sus paisajes y ese ambiente que se respira nos sirven para relajarnos como se debe, reflexionar y renovarse al fin.

No intente aprender islandés pues es muy difícil. Todos se dirigirán a usted en inglés, para ellos es su segunda lengua oficial, podría decir, aunque no esté declarada como tal. Los inviernos son rudos algunos años, pero tienen todo lo necesario para que usted los sienta como una extensión de la creatividad que le embarga.

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Un recuerdo que jamás olvidaré fue el de cierta ocasión en que me detuve para permitir que atravesaran numerosas vacas la carretera # 1. Iban guiadas y controladas por dos perros ovejeros, pero uno de ellos fue el que me dejó grabado un recuerdo para siempre: El perro era de estatura mediana, más bien grande, blanco y negro, con su rabo largo y siempre agachado. La cabeza también baja observando al mismo tiempo cuanto pasaba a su alrededor. Iba de una en otra vaca creando una hilera que cruzaba la carretera continuamente, gracias a este perro principal. Cuando todos los animales estuvieron casi del otro lado y comenzaban a bajar una pequeña pendiente, el perro se quedó detenido transversal a mi coche parado en medio de mi lado de la carretera para impedirme todavía el paso, con su rabo y cabeza, ambos abajo y continuamente mirándome a mí y a las vacas.

Yo no dejaba de sonreír y admirar el instinto del animal. Cuando hubo terminada su labor, se fue rápido terraplén abajo, lanzándome todavía una última mirada, como diciendo: “¿Qué te creías, que ibas a pasar entre mis vacas?“. Saqué mi cabeza y mi mano por la ventanilla y saludé al vaquero que se hallaba ya lejos. El me devolvió el saludo con una sonrisa.

El ser humano es tan destructivo como creativo. Hasta la fecha su balanza está bastante más inclinada del lado primero. Me angustia el solo pensar que puede llevar Islandia por el mismo camino que ha llevado a todos los demás países en el planeta. Espero que la cordura que posee le indique que conviene mantener ese país como muestra de lo que podemos ser todos sin necesidad de canturrear en la mayoría de discursos políticos la frase que ya se hace odiosa: “El Nuevo Orden Mundial“.

Islandia es hoy nada menos que el país más respetado del mundo y el que no lo crea, pues … ¡ahí está! ¡que vaya!

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Kalóniko (Lupita Garnica) Durante más de cuatro décadas fue la asistente personal del periodista mundialmente conocido Jacobo Zabludovsky. En ese tiempo aprendió la mecánica del periodismo, misma que aplicó a su afición preferida: investigación de la historia de la indumentaria. En Televisa creó y dirigió una serie de cápsulas acerca de la historia del traje, transmitida tanto en Televisa como Galavisión con cobertura internacional. Produjo un videocasete sobre la historia del traje con tres horas y media de duración. En prensa publicó artículos acerca de la historia del traje ilustrados con diseños suyos en los diarios Novedades, Ovaciones, El Heraldo de México, Summa y colaboró en el periódico Reforma con una columna semanal que también fue subida a Internet con el título de Moda y Vanidad, durante más de diez años. Sus artículos fueron solicitados en las revistas: Varón, Vogue, Hombre Saludable, Voices of México (en inglés), la revista Carolina y la revista española Dunia. Ha editado en México el libro “La historia del traje“ con Editorial Diana, ahora de Planeta, y en España “Caprichos de la moda“ con la Fundación Hispano-Mexicana Castilnovo, Madrid 2011. Libros inéditos: “Trajes típicos de las Américas“, “Diccionario del vestuario“ y “Así te ven, así te tratan“. Actualmente vive en Benidorm (Alicante) España y es coautora del blog: www.kaloniko-nykur.blogspot.com Diseñadora de modas, de todos sus dibujos y de las portadas de cuatro libros y un disco LP.