En el artículo de la semana pasada, explicamos de dónde salieron y a quién se le ocurrieron varios platillos famosos. En vista de que tanta comida deliciosa es una cuestión difícil de acabar, ahora presentamos la parte final de esta importante investigación.

Papas fritas. Estas tiras de papa, fritas en aceite y condimentadas básicamente con sal y pimienta —aunque se les puede agregar orégano, hierbas finas o especias varias de acuerdo con la inspiración del cocinero— son uno de los platillos con paternidad más debatida. Los franceses llevan cierta ventaja en la disputa —cortesía del término «papas a la francesa» o French fries, como se les conoce en Estados Unidos—, Bélgica también tiene una larga tradición de «friterías» o fritkots, donde la papa frita se sirve con mejillones. Mientras el sociólogo Roland Barthes las identifica como uno de los elementos básicos de la gastronomía francesa en su libro Mitologías, otros historiadores defienden su invención en algún punto entre Amberes y París, e inclusive hay quienes afirman que las inventó ¡Santa Teresa de Ávila!, puesto que, según la tradición, ella comía papas todos los días.

Hojuelas de maíz. Este habitual y crujiente sinónimo de desayuno fue un descubrimiento accidental, como casi todo lo interesante en esta vida. Su creador fue Will Keith Kellogg, quien creó una fundación —la W. K. Kellogg Foundation— dedicada a promover la vida saludable. Kellogg siempre estuvo interesado por el naturismo y la comida vegetariana. Así, preocupado por la alimentación de los pacientes de hospital, decidió buscar un sustituto al pan pero que fuera más fácil de digerir. Después de hervir una olla de cereal, la olvidó y descubrió que los granos se habían reblandecido pero seguían firmes. Al amasarlos con un rodillo, los aplanó y cada uno se volvió una hojuela delgada que al secarse formó lo que ahora todos podemos conseguir en cajas o bolsas para mezclar con leche y frutas.

Enchiladas suizas. Este famoso y relativamente simple platillo, que de suizo no tiene más que el nombre, fue inventado en el restaurante Sanborns de la Casa de los Azulejos. Por su privilegiada ubicación, este lugar es visitado de forma frecuente por turistas deseosos de probar la comida típica mexicana pero intolerantes al sabor del chile. Para complacerlos, los chefs idearon una salsa de tomate verde casi dulce, que baña a las tradicionales «dobladas» rellenas de pollo, y que serán coronadas por queso gratinado —no suizo, sino manchego.

Chiles en nogada. El 28 de agosto de 1821, don Agustín de Iturbide celebró su santo en el convento de Santa Clara de Puebla de los Ángeles, por lo que las monjas clarisas decidieron agasajarlo con un gran banquete y con un platillo verde, blanco y rojo: los colores del Ejército Trigarante. Entonces reunieron muchos ingredientes de varios rincones poblanos: queso de cabra de Zacapoaxtla, picadillo de cerdo de Cholula, pasta seca de duraznos de Huejotzingo, manzanas de Zacatlán, peras carmelitas, huevos de Tepeaca, nuez de Calpan, perejil de Atlixco y granadas de Tehuacán, entre otros; y así, el mismo año que nació México, nacieron los chiles en nogada, ¡que tan mexicanos son!

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