Solía haber una regla de oro en la política estadunidense. Los candidatos presidenciales de cada uno de los dos partidos dominantes se radicalizaban durante las elecciones primarias para atraer el voto de los militantes que, por su naturaleza, eran más extremistas que los votantes sin filiación partidista. Los demócratas, más de izquierda; los republicanos, de derecha. Una vez que ganaban la nominación de su partido, ambos candidatos se movían al centro para capturar al electorado más moderado e incrementar, así, la posibilidad de ganar la elección presidencial.

La regla de oro ha perdido su brillo. Nuestra época se caracteriza por candidatos que explotan la polarización. En lugar de moverse al centro, se mantienen en el extremo.

Y ganan porque la sociedad se ha polarizado y por una estrategia de temas que más mueven a grupos diversos del electorado. Tomemos el caso de Trump. Hay un segmento importante de electores que lo que más les importa es mantener el derecho a portar armas. Siempre van a votar por el candidato pro-guns. Hay otro segmento que quiere que haya ministros conservadores en la Suprema Corte para revertir decisiones como el derecho de las mujeres a interrumpir un embarazo. Si Trump promete eso, votan por él. Así va el candidato sumando apoyos, aunque su agenda no tenga consistencia ideológica e, incluso, se contradiga.

Lo mismo está pasando en el Partido Demócrata. El candidato que va arriba en las elecciones primarias, Bernie Sanders, es un radical de izquierda que abiertamente se define como “socialista”. A los que no tienen seguro médico les promete un sistema gratuito de salud pública. A los estudiantes, educación universitaria sin costo alguno. A los trabajadores, reparto del 20% de las acciones de las empresas donde laboran.

Si gana Sanders la nominación de los demócratas, ¿se moverá luego al centro para ganarle a Trump? La otrora regla de oro diría que sí. Pero la nueva regla de la polarización, aunada con temas hechos a la medida de grupos unitemáticos, sugeriría que no. Tiendo a pensar que Sanders no se movería al centro.

¿Podría, entonces, ganarle a Trump?

Otra regla de oro era que ningún socialista podía ganar la Presidencia en el país más capitalista del mundo. Sanders se presenta más como un socialdemócrata, al estilo escandinavo, que un izquierdista soviético, chino o castrista. Sin embargo, sus propuestas sí son más estatistas que las escandinavas. No solamente, por ejemplo, quiere incrementar los impuestos, sino que los trabajadores estén representados en los consejos de administración de las empresas.

En este sentido, muchos piensan que, si gana Sanders la nominación demócrata, Trump lo hará papilla en la elección presidencial. Con tan sólo presentar fotos de su luna de miel en la Unión Soviética, sus loas al régimen sandinista o su defensa a Fidel Castro, los estadunidenses, tan celosos de sus libertades, preferirían reelegir a Trump.

Tiendo a pensar que así sería. Sin embargo, estamos viviendo nuevas épocas, donde las reglas de oro han perdido su lustre.

Asumamos que, efectivamente, se enfrentan Trump y Sanders en noviembre, ambos radicalizados, con un discurso antielitista y atrayendo a grupos que sólo les interesa un tema. Un populista de izquierda contra un populista de derecha. ¿Qué pasaría?

Los votantes moderados, los centristas, no saldrían a votar. Mejor abstenerse que optar entre dos malas opciones para ellos. Las elecciones se decidirían entre la movilización de los polarizados de izquierda contra los de derecha. En este escenario, bien podría ganar Sanders la Presidencia.

De hacerlo, se profundizaría la polarización en la política estadunidense. Trump pudo sacar adelante varias promesas de su agenda (y quedar bien con esos segmentos unitemáticos) porque tuvo, los dos primeros años de su mandato, mayoría de su partido en ambas cámaras del Congreso. En 2018, sin embargo, los demócratas se apoderaron de la Cámara de Representantes y la polarización estalló. Hasta un juicio político de destitución enfrentó Trump (lo salvaron los republicanos en el Senado).

De ganar Sanders, su partido no va a tener mayoría en ambas cámaras del Congreso. El enfrentamiento comenzaría desde el día uno. Al candidato le han preguntado qué haría si los republicanos se opusieran a su propuesta de un sistema gratuito de salud pública sin intervención del sector privado. Su respuesta es que los presionaría realizando eventos masivos con el fin de movilizar a sus electores. ¿Se imaginan?

Nuevos tiempos, nuevas reglas. No se pierda hoy un capítulo muy importante en esta historia: el supermartes electoral, donde 14 estados elegirán al candidato demócrata que enfrentará a Trump.

                Twitter: @leozuckermann

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