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Lupita Garnica (Kalónico)

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Kalóniko (Lupita Garnica) Durante más de cuatro décadas fue la asistente personal del periodista mundialmente conocido Jacobo Zabludovsky. En ese tiempo aprendió la mecánica del periodismo, misma que aplicó a su afición preferida: investigación de la historia de la indumentaria. En Televisa creó y dirigió una serie de cápsulas acerca de la historia del traje, transmitida tanto en Televisa como Galavisión con cobertura internacional. Produjo un videocasete sobre la historia del traje con tres horas y media de duración. En prensa publicó artículos acerca de la historia del traje ilustrados con diseños suyos en los diarios Novedades, Ovaciones, El Heraldo de México, Summa y colaboró en el periódico Reforma con una columna semanal que también fue subida a Internet con el título de Moda y Vanidad, durante más de diez años. Sus artículos fueron solicitados en las revistas: Varón, Vogue, Hombre Saludable, Voices of México (en inglés), la revista Carolina y la revista española Dunia. Ha editado en México el libro “La historia del traje“ con Editorial Diana, ahora de Planeta, y en España “Caprichos de la moda“ con la Fundación Hispano-Mexicana Castilnovo, Madrid 2011. Libros inéditos: “Trajes típicos de las Américas“, “Diccionario del vestuario“ y “Así te ven, así te tratan“. Actualmente vive en Benidorm (Alicante) España y es coautora del blog: www.kaloniko-nykur.blogspot.com Diseñadora de modas, de todos sus dibujos y de las portadas de cuatro libros y un disco LP.

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La indumentaria según moda y vanidad: Egipcios

Después de que Moda y Vanidad, los dos seres etéreos que invaden nuestro espacio, hablaron del principio de la humanidad y su precaria vestimenta, nos relatan ahora, sin que yo lo haya podido comprobar, que Set, noningentésimo nonagésimo nono, enfermó por el olor hediondo de carne y sangre, combinado con el de la grasa de agallas machacadas con que curtían los cueros y un día tuvo que acomodarse en la hierba ante un verde paraje lejano a las pieles. Ahí empezó a pensar e imaginar la forma de cubrir su cuerpo sin utilizar a los pobres y desagradables animales. Fue entonces –continúan- que con su ayuda, Set de repente sintió que un rayo de luz lo iluminaba para hacer la transformación de la planta de lino que tenía enfrente en una fibra susceptible de hilar.

Moda asegura que a partir de ahí comenzó el desarrollo de los textiles. El caso es que los textiles se extendieron por todo el mundo poblado hasta llegar a Egipto y de ahí, precisamente, es de donde nos llegó siglos después la más amplia información sobre la indumentaria de sus habitantes, gracias a que sus telas y sus esculturas, por razones climáticas, se preservaron de la acción del tiempo.

Por las magníficas estatuas egipcias hemos podido establecer que, aunque prevalecía el pecho desnudo en sus costumbres, las jerarquías elevadas se reservaban el derecho de portar trajes con profusión de telas y adornos gracias a la ingerencia de Vanidad. También es muy notorio el hecho de que el torso descubierto se implantó en casi todas las civilizaciones de climas templados y cálidos, perdurando la costumbre hasta la fecha entre algunos nativos de Africa, América, Oceanía y Asia.

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Schanti

Los egipcios llamaron schanti al elemental vestido de los varones, consistente en faldones cortos abiertos por delante y anudados a la cintura. Luego, por consejo de Vanidad, agregaron componentes tales como una especie de doble delantal colgando al frente. Los egipcios, más perceptivos a los cuchicheos de Moda y Vanidad, trataron de imprimir a sus trajes un atractivo nuevo, el plisado. Los egipcios gozaron de su original plisado por muchos siglos, dejándolo como herencia al mundo futuro.

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Kalasiris

El vestido de la mujer egipcia, llamado kalasiris, consistió en una túnica larga que, dejando al descubierto los pechos, era sostenida por un par de tirantes. Esta prenda sufrió variaciones tanto en modelos como en telas, gracias a la intervención de Moda y Vanidad. Unas veces el kalasiris era llevado con una sola manga, otras con dos. Por lo regular, la tela que usaban para su confección era el lino blanco aunque las mujeres de clases sociales elevadas usaban tejidos transparentes. Nos cuenta Moda que ella impuso entre la corte la corriente de usar piezas de un lino tejido transparente con la particularidad del plisado, que lograban con una tela engomada para luego plisarla a mano. Los colores preferidos eran el ocre y el blanco. Vanidad, por su parte, impulsó como complemento de los vestidos los collares llamados Valona. 

Es casi imposible pensar en la indumentaria egipcia sin visualizar la Valona que la acompaña. Este collar o cuello estaba hecho con telas de colores muy vistosos, adornado con perlas y piedras semipreciosas. Era lucido tanto por hombres como por mujeres.

Pulcritud, aroma y traje: pilares de la coquetería masculina

La mujer centra su coquetería en la cara, en las manos, piernas, en la caída de ojos, la cabellera y, bueno, la verdad es que no centra en ningún punto su atractivo, sino que toda ella puede emanar coquetería.

Sin embargo, el hombre sólo apoya su coquetería en tres pilares: la pulcritud, el aroma y el traje. Al reunirse un hombre con alguna mujer de su agrado, comienza por el enjuague bucal, pone loción en su cara y se viste con el traje adecuado. Estos son mensajes dirigidos a la mujer, aunque no totalmente a ellas, sino más bien los utilizan para denotar respetabilidad y esa es una de las razones por las que no han dejado de usar el tradicional traje sastre y la corbata, que se implantaron hace ya demasiados años.

Está comprobado por estadísticas que tiene más aceptación en el ámbito de los negocios el hombre que luce traje oscuro, camisa blanca y discreta corbata, comparado al que sólo lleva como complemento de su pantalón y camisa un suéter o una chaqueta deportiva.

Pero hay algo más en el vestir masculino: la combinación de colores para lograr el mayor impacto, y no sólo en los negocios o el trabajo, sino frente al sexo opuesto, ya que hay combinaciones que hacen destacar y otras que nulifican.

En los trajes masculinos se debe tomar en cuenta la combinación de los colores tanto como en su armonía de texturas y el lugar donde se lucirá el conjunto. Debe tener cuidado, por ejemplo, de no mezclar un traje de vestir con una corbata de lana a cuadros o viceversa, un traje de paño muy grueso y sport con una corbata de seda brillante, pues su apariencia dejaría muy atrás el buen gusto. Los zapatos y calcetines de vestir deberán armonizar con el resto, cuidando que los calcetines no sean cortos ni de tonos vivos.

Los colores de los casimires para trajes de buen vestir están circunscritos a los azules, grises y marrones con las más diversas texturas y dibujos en su tramado. Por su parte, las camisas formales de manga larga pueden ser en blanco, rosa, gris, azul, crema, verde y beige, pero siempre en tonos muy claros.

Y de las corbatas existe una gran gama para combinar, desde las lisas y acordonadas hasta las de dibujos irregulares de varios colores mezclados, pasando por las de tradicionales dibujos con pequeños cuadros, las heráldicas, de lunares y las de rayado diagonal. La combinación adecuada de estos tres elementos del vestir masculino dan al varón un toque necesario para triunfar en los negocios, obtener promociones en el trabajo y, desde luego, atraer a aquellas mujeres singulares que tienen un sentido muy especial en la armonía de los colores y otros detalles. Claro, que si el hombre desea dar a su personalidad un toque “gansteril“ también puede usar la combinación precisa: camisa más oscura que el traje y corbata más clara que el mismo.

Latinoamérica está conformada por países llenos de color y calor, y de ello se sirven los jóvenes que aún no ingresan en el mundo frío de los negocios, o el trabajo formal. Para ellos el contraste violento de colores va de acuerdo con sus inquietudes internas, como: mezcla de rojos con azul fuerte y marrón, vino con chaudrón y azul, marrón con azul y rojo ladrillo, verde con azul y mezclilla con camisa o cuero. Pero, todo es válido para una juventud que más tarde caerá en un sistema que le marcará las reglas estrictas y encajonadas del traje oscuro, camisa blanca y discreta corbata.

La indumentaria según moda y vanidad

El principio

La moda nació con una mezcla de necesidad y vanidad. En el principio fue la desnudez, luego el pudor, después la hoja de parra y de ahí, Moda y Vanidad han ejercido su influencia en el comportamiento humano desde que se hicieron presentes en el planeta. Estos seres etéreos nos dicen los colores que debemos usar, cuales textiles, de qué ancho y largo, qué accesorios ponernos y, en fin, todo aquello que necesitamos al vestirnos, tanto para ajustarnos al clima como para lucir acordes con los eventos sociales.

En los últimos tiempos, después de un siglo XIX recargado de telas y adornos, se ha optado por el minimalismo, es decir, cada vez menos ropa. Como ejemplo, tenemos el traje de baño: empezó siendo un vestido corto, luego de una pieza, pasó a la de dos y volvió a la de una colocada con milimétrico cuidado para cubrir lo que el pudor exige. No vemos remoto el día en que volvamos a la hoja de parra para que Moda y Vanidad comiencen de nuevo con aquel principio, cuando Eva y Adán fueron expulsados del Paraíso por lo que usted ya sabe.

En ese momento lo único que hallaron para cubrir sus desnudeces fueron hojas, frutos y flores, suficientes para que Moda y Vanidad entraran de lleno poniendo a disposición de la recién formada pareja tantas opciones que no sabían por cual decidirse. Vanidad se apoderó de Eva, haciéndola probar cuanta flores y hojas estuvieran a su alcance. Se probó la de higuera, la del ciruelo, la del manzano y hasta hojas de helecho, las que por cierto le gustaron mucho. El acongojado Adán lo único que pedía de la hoja es que fuera muy grande … muy grande. Y así, después de colgar en una liana todos los modelos de hojas y flores, finalmente y después de una larga discusión, la de parra fue aceptada por los dos.

Claro que. lo demás fue guardado cuidadosamente por Eva en un rústico armario que terminó llamándolo “guardahojas“. El gusto le duró poco pues al día siguiente tuvo que tirar todo lo que ahí había porque desapareció la frescura y elasticidad de las hojas y flores. Algunos dicen que de ahí proviene la idea de la mujer de hacer continuos cambios en su vestuario.

Si para Eva y Adán fue difícil hallar hojas que cubrieran sus desnudeces, no fueron menos los contratiempos que sufrieron cuando pasado el tiempo llegaron hijos, climas fríos y vientos inclementes que les obligaron a cambiar sus mini prendas por algo más abrigador. Desde luego que Moda y Vanidad se involucraron en sus necesidades y aconsejaron en su momento lo adecuado, ya que la familia primigenia, conocedora del pecado, pero no de los textiles, no sabía qué hacer.

Así que, inducido Adán tuvo la brillante idea de cubrirse con pieles de animales, aunque a Eva le molestara sobre manera tener que matarlos para aprovechar sus pieles. A la malvada serpiente la despojaron de su moteada piel para hacerse un cinturón que ataría la túnica confeccionada con cuero (creación de Vanidad).

Moda y Vanidad se encariñaron tanto con las mini prendas y las pieles de animales que, a pesar de los milenios transcurridos no han dejado que éstas sean guardadas permanentemente en el armario. Cada temporada invernal son lucidas orgullosamente las pieles finas, aún en contra de las protestas de los ecologistas y ambientalistas que luchan desesperadamente para evitar la matanza de animales, sobre todo los que están a punto de extinguirse, mientras que en el verano las mini prendas hacen de las suyas en balnearios y playas.