Es más fácil contar la historia del éxito cuando se ha llegado a la cima que cuando se está empezando a caminar. Todos los grandes negocios algún día empezaron pequeños y muchos de estos comenzaron por algún infortunio, por una verdadera necesidad o aun quizá por falta de otra mejor oportunidad.

Leo, un hombre sencillo, tenía una pequeña mercería donde trabajaba y con la cual mantenía a su familia. Un día, la tienda se quemó y no se pudo rescatar nada, quedó totalmente hecha cenizas. Lamentablemente no tenía seguro y quedó en la ruina. Varias veces trató de empezar un nuevo negocio pero sus intentos fueron vanos ya que no lograba volver a levantarse.

Leo era padre de una familia numerosa y tenía la responsabilidad de salir adelante y mantenerla. Por eso decidió probar su suerte en Estados Unidos, con la esperanza de buscar una oportunidad, un mejor futuro para toda su familia.

En uno de sus múltiples viajes, un amigo le ofreció la oportunidad de comprar una pequeña panadería. Pocos amigos tienen el corazón tan grande, ya que incluso le ofreció el capital para poderla comprarla y empezar a trabajar.

Leo estaba indeciso; no tenía ninguna experiencia con panaderías, siempre había trabajado en la mercería. Sin embargo, su esposa y su amigo insistieron en que tomara el riesgo.

Leo vino a Estados Unidos con dos de sus hijos mayores para que lo ayudaran. Su esposa se quedó en su país natal cuidando a los hijos más pequeños hasta que el negocio comenzara a funcionar en forma estable.

Poco a poco y con mucho empeño Leo y sus hijos trabajaron duro para sacar adelante este nuevo negocio, con una gran dedicación y con el deseo de salir adelante. El negocio comenzó a crecer y con el tiempo fueron abriendo más panaderías.

Hoy en día la familia cuenta con una gran cadena de panaderías donde todos los hijos y sobrinos trabajan diariamente. Leo acredita su éxito al haber podido mantener siempre su esfuerzo, dedicación y motivación así como también valores de lealtad, honestidad e integridad. Siempre continuó siendo una persona humilde y agradecida. Por ello, en el presente, siente un gran placer cuando puede ayudar a alguna otra persona a emprender sus sueños.

“En esta vida nunca hay que darse por vencido porque nunca se sabe cuándo los esfuerzos darán sus frutos”.

Recetas para la vida™
Disfrutando el Éxito

Ingredientes:

  • 1 taza de metas claras
  • 1 puño de perseverancia
  • 1 chorrito de habilidades
  • 5 ramas de valor
  • 2 hojas confianza
  • 1 tira de esfuerzo

Condimentos: entusiasmo, paciencia y optimismo

Precaución: cuando se busca o se desea el éxito de otros sólo se logra tener envidia y desilusión.

  1. Hay que buscar el éxito para poder alcanzarlo. El éxito no llega fácil, es necesario creer en uno mismo, tener afirmaciones positivas, desarrollar las habilidades, establecer metas claras y hacer un plan de acción para obtener lo que se desea.
  2. El éxito es una manera de vivir, no es un punto de llegada. Hay que trabajar constantemente para mantenerlo. Vivir plenamente, luchar, crecer, fracasar y levantarse diariamente con compromiso y determinación son ingredientes necesarios que componen esta preparación.
  3. Cada persona tiene que definir su propio éxito. Es difícil juzgar las acciones y metas de otras personas ya que cada quien tiene su historia, sus motivos y hace sus propias decisiones. El éxito es un esfuerzo personal que cuando se logra regala la mejor satisfacción.

“Cuando uno descubre que es valioso y que tiene una esencia que no se compara con nadie, es capaz de alcanzar todo aquello que se propone”

Fuente: www.RecetasparaLaVida.com