Si una de las características de nuestra época es la pérdida de privacidad, puede ser que en los próximos años nuestro principal reto sea proteger nuestra identidad a cada momento.

A lo largo de esta pandemia, grupos de delincuentes navegan por el ciberespacio con mayor frecuencia para obtener información personal sobre posibles víctimas, con el objetivo no solo de hacer cargos a tarjetas de crédito o hackear cuentas de correo electrónico, sino para suplantar su identidad y con ello poder extender el número de crímenes que pueden cometerse en línea.

La explosión en el comercio electrónico, la comunicación remota y las transacciones digitales de todo tipo que podemos agradecerle (de lo poco) a esta pandemia, también está formando a nuevos tipos de criminales que están a la caza de información en redes sociales, salas de videojugadores y aplicaciones móviles, sobre todo cuando se trata de niñas, niños y adolescentes, que pueden ser sorprendidos con mayor facilidad.

Hace unos días, la Secretaria de Seguridad y Protección Ciudadana, Rosa Icela Rodríguez Velázquez, presentó un decálogo para que podamos compartirlo en familia y así reducir las posibilidades de que podamos ser afectados mientras estamos conectados a la red.

Son diez recomendaciones fundamentadas en mucha experiencia acumulada sobre cómo se comportan los delitos cibernéticos y hacia donde evolucionan. Las condiciones que hoy vivimos de más horas de conexión, flexibilidad en los horarios de todos los integrantes de la familia y rutinas que se han alterado significativamente por los cuidados sanitarios que hemos adoptado durante casi dos años, deben impulsarnos a prevenir y a proteger a los más jóvenes.

La primera sugerencia es no entrar en contacto con desconocidos, una regla básica para quienes a lo largo de los años hemos trabajado para que nadie responda llamadas de un número que no identifica o correos electrónicos que piden dar click a cualquier tipo de archivo. Quien nos conoce, tienen muchas maneras de ponerse en contacto si no lo logra por algún medio. Detrás de cada usuario que parece amigable puede estar un delincuente.

Ante el aumento en el horario de consumo de videojuegos se deben establecer horarios en casa. Una mayor exposición trae lógicamente más riesgo. Si podemos llegar a acuerdos con nuestros hijos para que el tiempo para este tipo de entretenimiento sea fijo, podemos anticiparnos y supervisar con la importancia que merece. Y este consejo no va solo a los jóvenes, muchas y muchos adultos pueden seguirlo también.

Contar con los datos personales y hasta la identidad de un menor abre muchas posibilidades para que un criminal pueda obtener ganancias rápidas, difíciles de rastrear o incurrir en delitos de gravedad como cualquiera de las modalidades de trata de personas. Enganchar a un menor por medio de una solicitud de amistad para luego obtener su nombre, ubicación o fotografía no le toma demasiado tiempo a quien tiene la experiencia de hacerlo en la realidad.

Por eso jamás deben utilizarse cuentas de correo personales (abre una para jugar en línea); jamás proporcionar datos bancarios, telefónicos, propios o de algún miembro de la familia; tampoco usar micrófono o cámara; ni que los menores o tú compartan su ubicación.

La configuración de seguridad es indispensable (control parental), así como la supervisión de niños, niñas y adolescentes mientras participan en sus sesiones de videojuegos. Cualquier actitud agresiva, intento de extorsión, acoso, amenaza o acto de violencia debe denunciarse inmediato al 088.

En conjunto con buenas autoridades, como las que elaboraron este sencillo decálogo, podemos prevenir cualquier acción que pretenda afectarnos en nuestro buen y bien vivir. Esta cultura de la prevención es la mejor seguridad que podemos darle a nuestra familia y a los más jóvenes que la integran, ya sea en el ciberespacio o en la vida real.

Aquí puedes encontrar las diez recomendaciones:

https://www.gob.mx/sspc/prensa/presenta-sspc-decalogo-de-ciberseguridad-para-proteccion-de-menores?state=published