Blanca lloraba amargamente sentada en su cama del hospital después de haberse recuperado de un ataque al corazón. Sus lágrimas no eran por haber escuchado las palabras del doctor y haber entendido la seriedad de su condición, ni siquiera por la alegría de estar viva; ella estaba abatida porque a pesar de que su familia estaba junto a ella en el hospital, su hijo mayor, que vive en otro estado, no había tenido la intención o la delicadeza de hablarle para preguntar como se sentía. Blanca, una mujer modesta dedicada a su hogar, se desvive por el bienestar de su familia y no entiende por que Fermín, su hijo, se ha alejado tanto.

Fermín siempre había tenido una muy buena relación con sus padres pero todo cambió cuando conoció a una bella chica con la que vive. Existe una cierta tensión entre ella y los padres de Fermín, pero éstos están dispuestos a tratar de mejorar la relación, por su hijo. Por ello, Blanca, en las dos ocasiones que los ha visitado, no pregunta nada, se acata a sus exigencias y con una sonrisa agradece el tiempo que le dedican. Pero últimamente, su hijo, trata de evitar sus visitas.

Fermín no se ha casado aún e insiste que sin la bendición de sus padres no habrá matrimonio; sin embargo, no tiene intenciones de acercarse o saber de ellos.

Sus padres lo adoran, le admiran sus grandes éxitos, y lloran en silencio por su distancia y su arrogancia. Tratan constantemente de aproximarse, mandándole regalos para su cumpleaños, horneándole ricos pasteles y mandándoselos a pesar que el alto costo del envío es más alto que el valor del pastel, llaman por teléfono, piden a los parientes y amigos que por favor lo llamen y lo pasen a visitar. Sin embargo Fermín se niega a tener contacto con todos.

Quien iba a decir que este muchacho tan gentil, inteligente y exitoso podría estar causando tanto dolor y lastimando tanto a sus padres.

Hoy en día el dolor que Blanca lleva en el alma es tan grande que le es imposible disfrutar del resto de su familia, siente un vacío muy grande e incluso cuando su mesa está llena la inunda una profunda tristeza por el lugar que Fermín ha dejado.

¿Cómo lograr que Fermín entienda el daño tan grande que está haciendo? ¡Si realmente se diera cuenta que la vida es corta y frágil, que su rencor y evasión sólo lo están alejando de aquellos que más quiere y a los que debiera honrar! Esperemos que no sea muy tarde cuando este muchacho entienda la gran pena que ha causado y ojalá que al regresar a su hogar se pueda reconciliar consigo mismo, ya que él también debe de estar sufriendo.

«Nuestros padres nos regalaron la vida, son la fuente de nuestras tradiciones y nos conectan con nuestra herencia. Honrarlos es lo mínimo que podemos hacer por ellos»

TM

Honrando a los padres, a pesar de todo

Ingredientes:

  • 1 taza de Respeto
  • 3 cucharadas grandes de Cariño
  • 1 rebanada de Aceptación
  • 1 manojo de Ojo noble
  • 5 gotitas de Agradecimiento

Condimentos:
Gentileza, atenciones, tiempo

Modo de preparación:

1- Nuestros padres nos han regalado la vida. Es importante agradecer el simple hecho de que estamos vivos, la vida que ellos nos concedieron sin pedir nada a cambio. Por lo tanto, el respetar a los padres no depende de las cosas que ellos nos dan o que hacen por nosotros. La vida no tiene precio.

2- Honrando a nuestros padres, valoramos todo lo que nos rodea. Al respetar a nuestros padres aprendemos a ser más sensibles a nuestro entorno, desarrollamos el sentimiento de apreciación y bondad hacia los otros, mejoramos nuestra calidad de vida, podemos conectarnos mejor con el medio y podemos sentirnos mejor.

3- Hay que aceptar a los padres tal cual son. A pesar de que hay padres que pueden ser difíciles o que quizá que no son como uno quisiera, continúan mereciendo nuestro respeto y agradecimiento. Verlos con un ojo noble ayuda a entender razones y acciones que nuestra visión no comprende.

4- Padres, sólo hay unos. En la vida podremos encontrar grandes amigos, personas que nos inspiran y nos motivan, gente con la que podemos compartir nuestras vidas; pero el lugar de los padres no se compara, no se cambia y no se olvida jamás.

«Hay hijos que tienen a sus papás muertos y los llevan adentro como si estuvieran vivos; sin embargo hay otros que los tienen vivos y actúan como si estuvieran muertos».

Fuente: www.recetasparalavida.com

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