Cuando la vida nos enfrenta con problemas que requieren ajustes o cambios uno siempre tiene opciones. Puede elegir entre continuar haciendo lo mismo y hundirse o cambiar y salir adelante. La segunda opción, si bien es preferible, resulta mucho más difícil y muchas veces nos exige comportarnos y actuar de modos que pensábamos que éramos incapaces de hacer.

Natán es un hombre con bastante mal genio; grita y se desespera fácilmente. Rocío, su empleada, sufre de angustia sólo por estar junto a él y ver cómo trata a todos a su alrededor. Hace unos días llegó tarde al trabajo y pidió permiso para salir temprano. Natán le contestó con irritación y en forma desagradable que tenía que hacer sus citas a horas fuera de trabajo.

Roció se molestó, no solo por el tono brusco y hosco con el que se lo dijo, sino por temor a que el maltrato aumentara. Entonces decidió renunciar. Al recibir la noticia, su jefe le pidió que continuara un par de semanas más hasta que consiguiera un reemplazante.

A pesar del altercado que tuvieron, Natán valoraba a Rocío y su trabajo. Estaba consciente que la renuncia se debía a su mal genio. Sabía que tenía que cambiar. A pesar que le costó trabajo, Natán comenzó a controlar sus gritos, a ser mucho más amable y a sonreír diariamente. Empezó a utilizar «por favor» y «gracias» con una actitud cordial y cuidaba mucho sus palabras y su tono de voz. Él se había propuesto cambiar. No se resignaba pensando «así soy yo» o «este es mi carácter y no puedo hacer nada». Estaba convencido que su voluntad y determinación podían reinar sobre su temperamento y sus acciones.

Antes de las dos semanas del término, Rocío se acercó nuevamente a su jefe y le comentó que había cambiado de opinión y que quisiera continuar trabajando para él. Durante estas semanas había descubierto que su jefe era una persona noble, de buenas intenciones y que había logrado crear un clima muy agradable de trabajo. Incluso se disculpó con él por no haber tratado con más empeño de acomodar sus citas fuera de las horas del trabajo.

Ya pasaron un par de años y los cambios positivos aún continúan. Natán sostiene que es posible cambiar de un día para el otro. Sólo basta una buena razón y mucha determinación.

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Encontrando fuerza para cambiar
Logrando cambios genuinos y duraderos

Ingredientes:

  • 1 taza de voluntad
  • 2 cubitos de esfuerzo
  • 1 racimo de aceptación
  • 3 gotas de fortaleza
  • 1 chorrito de confianza

Condimentos:
Paciencia, positivismo, perseverancia

Nota: el cambio sólo se da cuando uno realmente lo desea, nadie puede hacer que uno cambie si no quiere

Modo de preparación:

  1. El cambio es una acción difícil y estresante para todos. Cambiar causa resistencia y existe una tendencia a aferrarse a los viejos hábitos por evitar el miedo a lo desconocido.
  2. El cambio se logra cuando se está dispuesto a modificar viejas estructuras por otras nuevas. Antes de encontrar armonía y balance, el cocinero debe dejar su zona de confort y estar listo a sobrepasar varios obstáculos y tropiezos.
  3. Un cambio pequeño puede llevar a grandes resultados. No es necesario hacer muchas modificaciones o insistir que los demás cambien. Un pequeño movimiento incita a muchos cambios nuevos.
  4. Todos necesitamos mejorar. La vida es dinámica y cambiante; por lo tanto, hay que adaptarse a las nuevas circunstancias y recordar que no existe ningún ser perfecto.

«Hay gente que piensa que el cambio es posible, por lo tanto encuentran una razón para mejorar constantemente. Sin embargo, hay otros que insisten en que el cambio es un esfuerzo inútil, con lo cual se hunden en un mundo amargo».

Fuente: www.recetasparalavida.com

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