Existen situaciones ajenas al entender humano, las cuales hacen imposible que la persona pueda obtener lo que quiere. No importa cuanta determinación y compromiso se tenga, hay veces que el universo conspira en contra, evitando que las cosas sucedan.

No se trata en estos casos de la persona que tiene una actitud negativa y derrotada, y no hace nada. Sus pretextos, miedos y limitaciones, sirven de justificación para no esforzarse, su mente asegura que nada le va a salir; por lo tanto, ya no hace ni el mínimo intento de tratar algo nuevo.

En esta ocasión me refiero a esa persona dedicada, organizada, trabajadora, a una persona que tiene todo el deseo de salir adelante y de encontrar una nueva oportunidad para superarse. Gente con talento, cumplida y tenaz. Y así, nada le sale como ella espera o como necesita. Las oportunidades que le llegan por alguna razón se le van de las manos por razones completamente ajenas a su voluntad. Falsas promesas, gente aprovechada, recursos insuficientes, mal tiempo… un millón de causas que hacen imposible conseguir lo que trabajo. Nada gratis, solo lo que se merece.

Has sentido alguna vez ese dolor y frustración que se siente cuando las cosas no se te dan. No se trata de que te falto algo, que te equivocaste o no fue suficiente tu esfuerzo, todo lo contrario. Todo lo que tenías que hacer lo hiciste. Todo lo que se tenía que preparar, pedir, traer, escribir, hablar, todo hecho a la precisión. No falto nada, al contrario hiciste de más, lo que estabas esperando con tanta ilusión y esfuerzo, NO pudo ser.

Al parecer, no hay una explicación aparente. Entonces y sin querer, tu mente se convierte en un juez cruel, te críticas, te lastimas aún más y por encima del dolor que la decepción ya te ha causado. Por si fuera poco, también comienzan las terribles comparaciones que solo humillan aún más. “Claro todos tienen una vida más fácil, mejor, más abundante…” o tienes diálogos internos que te deshacen el alma como: Claro los que roban, no tienen conciencia y son unos malditos siempre les va mejor, y prosperan y se burlan de todos. O te enfocas en personas que crees que la vida se les da más sin mayor esfuerzo, las cosas les llegan, tienen mejor suerte.

Entonces como el clímax de tu drama piensas, que nada te sale como quieres, todo lo que haces nunca se da como esperabas. Sientes que tu destino esta truncado. O que tu camino es tan difícil que hay veces se te hace imposible continuar. Te haces preguntas como ¿Quizá me lo merezco? ¿Estaré pagando una penitencia de otra vida? ¿Mi destino es no tener nada bueno? ¿La vida no me quiere?

Hay ocasiones que no hay respuesta lógica, las cosas son como son, nada más.

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La receta

Cuando las cosas no se dan

Ingredientes:

  • 1 taza de perspectiva – aprender a ver todo el panorama completo, no una sola acción
  • 1 manojo de humildad – reconocer que uno no controla al universo
  • 2 pedacitos de fortaleza – valor para reconstruir la vida con lo que se tiene, no con lo que se quiere
  • 1 cucharada de optimismo – encontrar la lección, aprenderla y continuar el camino sin resentimiento
  • 1 pizca de fe – crecer el lazo de la espiritualidad y tener confianza en que todo tiene una buena razón

Recomendación del chef: La desgracia o la mala racha, muchas veces no tienen una explicación lógica. No busques razones donde no hay. Lo que no se puede comprender hay que aprenderlo a apreciar con amor.

Que se puede aprender de la desilusión y la desgracia:

1. Las desilusiones son ideas muy resistentes en la mente humana. El pensamiento complica el poder eliminar el sentimiento de pérdida y dolor que crean las desgracias o la decepción. El tener compasión y amor propio es vital para poder continuar.
2. Algunas veces NO también es una respuesta. En estos casos con el simple hecho de saber que alguien nos escucha y entiende nuestro dolor es el mejor consuelo. Dejar de pelar con la realidad de lo que no fue, libera.
3. Aceptar la desilusión aumenta la capacidad de comprensión, apreciación y cercanía espiritual. Hay que hacer de la vida una senda espiritual en la cual hay que caminar con fe aun en momentos difíciles y obscuros. Así se abren las limitaciones mentales que impiden ver más allá de la perdida.

La desilusión no corresponde a la realidad del panorama, esta sirve de conexión en un plano más espiritual que no pertenece al orden moral del entendimiento humano.

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